Los helomas, conocidos popularmente como "callos" u "ojos de gallo", son una de las afecciones más comunes y dolorosas que pueden aparecer en los pies. Aunque muchas veces se les resta importancia, estas lesiones pueden afectar significativamente nuestra calidad de vida al dificultar actividades tan básicas como caminar. En esta guía te explicamos todo lo que necesitas saber sobre los diferentes tipos de helomas, cómo identificarlos, tratarlos y prevenirlos.
¿Qué son los helomas?
Los helomas son un engrosamiento localizado de la piel (hiperqueratosis) que se caracteriza por tener bordes bien definidos y por crecer hacia capas más profundas de la dermis. Esta es precisamente la diferencia fundamental con las durezas comunes, que son más superficiales y extensas.
La lesión se forma como un mecanismo de defensa natural del cuerpo ante la fricción o presión repetida en una zona específica. Sin embargo, a diferencia de lo que podría pensarse, este "escudo protector" termina causando más problemas que beneficios debido al dolor intenso que provoca.
Los helomas presentan características comunes que permiten identificarlos:
- Forma redondeada y bien delimitada
- Coloración amarillenta oscura
- Suelen estar cubiertos por una capa de células muertas (dureza)
- Generan dolor o molestia, especialmente al caminar o con la presión

Tipos de helomas según su ubicación
Existen varios tipos de helomas dependiendo de la zona del pie donde aparecen. Conocerlos te ayudará a identificar mejor qué tipo de lesión tienes y entender su origen.
Clavo plantar o heloma plantar
Se localiza en la planta del pie, generalmente en zonas de mayor apoyo como debajo de las cabezas de los metatarsianos. El nombre "clavo plantar" describe perfectamente la sensación que produce: es como pisar un clavo o una piedra afilada con cada paso que das.
Este tipo de heloma aparece por la presión excesiva y repetida en puntos específicos de la planta, usualmente relacionada con alteraciones en la forma de pisar o con el uso de calzado inadecuado.

Heloma dorsal
Se forma en la parte superior de los dedos, principalmente sobre las articulaciones interfalángicas. Aparece por la fricción constante entre el dedo y el calzado.
Es especialmente frecuente en personas que presentan deformidades como dedos en garra, dedos en martillo o dedos en mazo, ya que estas condiciones hacen que la parte superior del dedo sobresalga y roce constantemente con la parte interna del zapato.

Ojo de gallo, ojo de pollo o heloma interdigital
Es quizás el más conocido por su nombre popular. Se localiza entre los dedos del pie, siendo más frecuente en el espacio entre el cuarto y quinto dedo.
A diferencia de otros helomas, este se produce por el roce entre los huesos de los dedos adyacentes, no por fricción con el calzado. Por esta razón, suele ser particularmente doloroso, ya que se origina de "adentro hacia afuera". La presencia de prominencias óseas (pequeños picos de hueso) en las falanges es una de las causas principales.
Debido a la humedad natural que existe entre los dedos, este heloma suele mantenerse más blando y de aspecto blanquecino, lo que también le ha valido el nombre de "callo blando" o "heloma de Molle".

Heloma de fondo de saco
Se ubica en la zona blanda que une dos dedos del pie, específicamente en el pliegue interdigital. También es más común entre el cuarto y quinto dedo.
Aunque puede confundirse con el heloma interdigital, su ubicación es ligeramente diferente: mientras el ojo de gallo aparece en la superficie lateral de los dedos, el heloma de fondo de saco se forma en el espacio más profundo del pliegue.

¿Por qué aparecen los helomas?
Las causas de los helomas están relacionadas con factores mecánicos que generan fricción o presión excesiva en zonas específicas del pie:
Forma incorrecta de pisar: Cada persona distribuye el peso corporal de manera diferente al caminar y apoyar el pie. Cuando esta distribución no es equilibrada, ciertas zonas reciben más presión de la debida, favoreciendo la aparición de helomas siempre en los mismos puntos.
Calzado inadecuado: Los zapatos de punta estrecha comprimen los dedos y aumentan la fricción. Los tacones altos desplazan el peso hacia la parte delantera del pie. El calzado muy rígido o mal ajustado también contribuye al problema. Incluso usar el mismo par de zapatos todos los días concentra la presión siempre en las mismas zonas.
Calcetines mal colocados: Los calcetines actúan como barrera protectora entre la piel y el calzado. Cuando se forman arrugas o pliegues, estos generan puntos de fricción adicionales.
Falta de hidratación: La piel seca pierde elasticidad y es más susceptible a formar callosidades. Mantener la piel hidratada ayuda a que sea más flexible y resistente a la fricción.
Deformidades del pie: Condiciones como juanetes (hallux valgus), dedos en garra, dedos en martillo o dedos en mazo alteran la anatomía normal del pie y crean puntos de roce anormales, tanto con el calzado como entre los propios dedos.
Prominencias óseas: En el caso específico del ojo de gallo, la causa principal suele ser un pequeño "pico" de hueso en las falanges que hace que los huesos de dos dedos adyacentes rocen entre sí.
Heloma vs. callo vs. verruga: diferencias importantes
Es fundamental distinguir estas tres condiciones porque cada una requiere un tratamiento diferente:
Helomas: Lesiones pequeñas, redondeadas, con bordes bien definidos que crecen hacia la profundidad. Son muy dolorosos a la presión directa. Se forman por fricción o presión mecánica repetida.
Callos o callosidades (hiperqueratosis difusa): Son más extensos, superficiales y tienen bordes menos definidos. Pueden aparecer en zonas amplias del pie e incluso en las manos. Generalmente no causan dolor a menos que se presionen con fuerza.
Verrugas plantares (papilomas): Tienen un origen completamente diferente, ya que son causadas por el virus del papiloma humano (VPH). Presentan pequeños puntos negros en su superficie (capilares trombosados), pueden aparecer en cualquier zona del pie y característicamente duelen más cuando se presionan lateralmente. A diferencia de los helomas, las verrugas son contagiosas.
Confundir estas lesiones puede llevar a tratamientos incorrectos. Por ejemplo, tratar una verruga como si fuera un heloma no solo será inefectivo, sino que puede facilitar la propagación del virus.
Síntomas: ¿cómo identificar un heloma?
El síntoma más característico de los helomas es el dolor, cuya intensidad y forma de manifestarse puede variar según el tipo:
- Heloma plantar: Sensación de pisar un clavo o piedra con cada paso
- Heloma dorsal: Dolor al usar calzado cerrado que presiona la parte superior de los dedos
- Heloma interdigital (ojo de gallo): Dolor punzante al juntar los dedos, que se intensifica al caminar
- Heloma de fondo de saco: Molestia en el pliegue entre los dedos, especialmente con calzado ajustado
Otros síntomas comunes incluyen:
- Dificultad para caminar distancias largas
- Molestia al permanecer de pie por períodos prolongados
- Incomodidad con ciertos tipos de calzado
- Alivio notable al descalzarse
- Presencia visible de una zona endurecida y amarillenta
Tratamientos disponibles
Quiropodia profesional
Es el tratamiento de primera línea realizado por un podólogo. Consiste en dos pasos principales:
- Deslaminación: Se retiran las capas superficiales de piel muerta (hiperqueratosis) que recubren el heloma.
- Enucleación: Se extrae el núcleo profundo del heloma utilizando instrumental especializado.
El procedimiento es indoloro y proporciona alivio inmediato. Sin embargo, si no se corrige la causa subyacente (mala pisada, calzado inadecuado, prominencia ósea), el heloma puede reaparecer, requiriendo sesiones de mantenimiento periódicas.
Estudio biomecánico y plantillas personalizadas
Un análisis detallado de la forma de pisar permite identificar los puntos de mayor presión del pie. Con esta información, se pueden diseñar plantillas personalizadas que redistribuyan las cargas y descarguen selectivamente las zonas problemáticas.
Este tratamiento es especialmente útil para helomas plantares recurrentes, ya que ataca directamente la causa mecánica del problema.
Protectores y separadores
Existen dispositivos de silicona que ayudan a:
- Separar los dedos para reducir el roce en casos de ojo de gallo
- Proteger la parte superior de los dedos en helomas dorsales
- Amortiguar zonas de presión en la planta del pie
Estos productos proporcionan alivio y son útiles como complemento, aunque por sí solos no eliminan el heloma.
Tratamiento quirúrgico
Cuando los tratamientos conservadores no son suficientes o el heloma reaparece constantemente debido a una prominencia ósea, puede considerarse una intervención quirúrgica menor.
La técnica más habitual, especialmente para el ojo de gallo, es la cirugía percutánea o mínimamente invasiva. A través de una pequeña incisión de 2-3 milímetros, se utiliza una fresa especializada para limar el hueso que causa el roce.
Las ventajas de este procedimiento son:
- Se realiza de forma ambulatoria con anestesia local
- El paciente camina por su propio pie inmediatamente después
- No requiere ingreso hospitalario
- Recuperación completa en 2-3 semanas
- No necesita rehabilitación posterior
- Resultados definitivos: al eliminar la causa, el heloma no vuelve a aparecer
Lo que NO debes hacer: callicidas
Los callicidas de venta libre contienen ácidos (como el ácido salicílico) que buscan "quemar" la lesión. Sin embargo, estos productos no eliminan la causa del problema y pueden generar:
- Quemaduras químicas en la piel sana circundante
- Heridas que agravan la situación
- Maceración de la piel
- Riesgo de infección
Su uso está especialmente contraindicado en personas con diabetes, problemas circulatorios o neuropatía periférica, donde cualquier herida puede tener consecuencias graves.
Consejos para prevenir los helomas
La prevención es fundamental para evitar la aparición de helomas o su reaparición después del tratamiento:
Elige calzado adecuado:
- Opta por zapatos con puntera amplia que permita movimiento libre de los dedos
- Evita las puntas estrechas y los tacones excesivamente altos
- Asegúrate de que el calzado sea de tu talla correcta
- Prueba los zapatos al final del día, cuando el pie está más hinchado
Alterna tu calzado: No uses el mismo par todos los días. Rotar entre diferentes modelos permite que el pie descanse de los puntos de presión habituales.
Cuida tus calcetines: Usa calcetines de materiales que absorban la humedad y asegúrate de colocarlos sin arrugas ni pliegues.
Hidrata tus pies diariamente: Aplica crema hidratante específica para pies todas las noches. Las cremas con urea (10-20%) son especialmente efectivas para pieles con tendencia a engrosarse.
Seca bien entre los dedos: Después del baño, seca completamente los espacios interdigitales para evitar la maceración de la piel.
Mantén una higiene adecuada: Una buena higiene protege contra infecciones y permite detectar lesiones tempranamente.
Usa piedra pómez con moderación: Puede ayudar a eliminar células muertas superficiales, pero no es un tratamiento en sí mismo y no debe usarse de forma agresiva.
Visita al podólogo regularmente: Un profesional puede detectar alteraciones en la pisada, deformidades incipientes o zonas de presión excesiva antes de que se conviertan en un problema mayor.
¿Cuándo consultar con un especialista?
Deberías acudir al podólogo si:
- El dolor interfiere con tus actividades diarias
- El heloma reaparece frecuentemente después del tratamiento
- Observas signos de infección: enrojecimiento intenso, calor, hinchazón o secreción
- Los remedios caseros no proporcionan mejoría
- Tienes diabetes, problemas circulatorios o neuropatía periférica
Atención especial para personas con diabetes: Cualquier lesión en el pie, por pequeña que parezca, debe ser evaluada por un profesional. Un heloma no tratado puede evolucionar hacia úlceras e infecciones graves. El control podológico frecuente es fundamental para detectar problemas de forma precoz.
Los helomas, en cualquiera de sus formas (clavo plantar, heloma dorsal, ojo de gallo o heloma de fondo de saco), son lesiones que no deben ignorarse. Aunque son comunes, el dolor que provocan puede limitar significativamente las actividades cotidianas.
La buena noticia es que con el diagnóstico correcto, el tratamiento adecuado y medidas preventivas simples, es posible eliminarlos y evitar que vuelvan a aparecer. La clave está en identificar y corregir la causa que los origina.
Si sospechas que tienes algún tipo de heloma, te recomendamos consultar con un podólogo que pueda evaluar tu caso particular. En Famypharma estamos para orientarte y ayudarte a cuidar la salud de tus pies.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Ante cualquier duda sobre tu condición, consulta con tu médico o podólogo.
Referencias
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De Lamo Podología. (2022). Ojo de gallo: causas, síntomas y tratamiento. Recuperado de: https://delamopodologia.com/patologias-pies/que-es-ojo-gallo-causas-como-curarlo/
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Dr. Iborra - Instituto Avanfi. (s.f.). Heloma Interdigital – Ojo de Gallo. ¿Qué es? Causas, Síntomas, Diagnóstico y Tratamiento. Recuperado de: https://doctoriborra.com/heloma-interdigital-ojo-de-gallo/
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Podoactiva. (2023). Ojo de gallo en el pie, heloma plantar y heloma dorsal. Qué son, cómo tratarlos y cómo prevenirlos. Recuperado de: https://www.podoactiva.com/blog/heloma-plantar-causa-y-tratamiento
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